La novela del verano: Los dioses viajan de noche

Este año, busqué en mi torre de libros y saqué dos para llevarme a nuestra visita anual a un hotel de playa todo incluido. Incluido el acecho de los que quieren venderte vacaciones por 20 años de tu vida para que tu tarjeta VISA se infle hasta reventar. Y claro, yo también quisiera vivir siempre en esa matriz tropical paradisíaca, rellenando mis neuronas de margaritas y caipiriñas para no recordar las cosas terribles de este mundo ni las cuentas que pagar y ver a mi hija  retozando en piscinas azules. Pero ya he aceptado que en la vida nada es del todo bueno ni del todo malo, nada es todo lo que uno quisiera y una no es lo que los demás quieren tampoco.Y quizás los de multivacaciones sean más sinceros que el resto de la gente. Son frontales, quieren tu plata. Otra gente quiere tus favores, tu plata, tus conocimientos, y otras cosas más y las disfrazan de amistad y falsas sonrisas cuando en realidad son igualitos a los de multivacaciones.

losdiosesviajandenoche

En fin que me llevé dos libros. Los dioses viajan de noche del escritor haitiano Louis-Phillipe Dalembert, libro que ganó un Premio Casa de las Américas en el 2008 a  literatura caribeña en francés o creole. Y la antología de microrrelatos Resonancias con autores panameños y venezolanos y donde tuve un contribución. Los dioses viajan de noche, como me suele suceder últimamente, requirió de mi voluntad de hierro para terminarla, ya iba a abandonar porque sentía que ahí no sucedía absolutamente nada. El protagonista, a través de cuyos ojos vemos a un barrio de Haití, es un miedoso, y como todo miedoso, ni termina de ver ni termina de hacer nada de lo que supuestamente quiere y por lo tanto nosotros los lectores tampoco terminamos de enterarnos de nada, ni de los rituales vudú (prohibidos por la tía del joven que es cristiana y aborrece estas costumbres ) y ni siquiera en el presente el protagonista/narrador nos regala la escena completa con su amante a su lado en la cama. Diríamos en buen panameño, mucho tilín tilín y nada de paleta. Como cada día asumo mi gran ignorancia en todo tipo de asuntos solo digo que el hombre sabe escribir pero que más me ha informado algún reportaje de National Geographic que esta novela completa. ¿Pero quién soy yo para decir algo de un autor políglota que anda errante por el mundo, un día en París, otro en Italia, que tiene multitud de premios que yo solo puedo añorar? En verdad, es mi humilde opinión de lectora.

Resonancias me ha resultado entretenida porque en verdad disfruto mucho la brevedad y los ingenios de los autores para contar tanto en tan poco espacio. Hallo mayor similitud de estilos y temas entre los autores panameños y venezolanos en esta antología que entre las autoras panameñas y mexicanas en la antología Escenarios y Provocaciones, donde era abismal la técnica, temática y ambientación de las escritoras, vivíamos en mundos literarios muy distantes. Los cuentos mexicanos me hablaban de una sociedad deshumanizada usando un lenguaje espectacular, muy rico mientras que los cuentos panameños eran en casos demasiados tradicionales con un lenguaje que podría jugar con más matices. Con esto no digo que los nuestros eran peores, eran distintos y los escogidos son narrativas de un momento y espacio diferente al de las mexicanas. Volviendo a Resonancias, reflexiono que la labor del antologador es ardua y quien como vendedor de  nubes, intenta traficar con narrativas de un lado a otro de fronteras reales e invisibles solo puede tener mi admiración.

El rechazo y la escritura

imagesA nadie le gusta que lo rechacen. A mi tampoco y seguro a usted…a nadie. Aunque quizás haya quienes hallen algún placer morboso en colocarse en situaciones donde serán rechazados. Hay tantas situaciones donde esta desagradable experiencia es posible: al aplicar a una beca, al aplicar a un empleo, al pedirle a alguien una cita y claro, cuando se somete un escrito a consideración ya sea para su publicación o se envía a concurso. Yo estoy curada de tanto enviar escritos y como soy así como arrojada, o atrevida, o quizás con pizca de locura, también me dio por enviar escritos en inglés a revistas en papel y en línea. Lo bueno de escribir en inglés y enviar escritos son las cartas de rechazo. Hay tantas maneras diplomáticas de decir que NO. Yo he experimentado varias y ya después de la quinta una adquiere una fortaleza de escritora como nunca.  Una vez envié unos cuentos a un concurso en Panamá y mi madre se horrorizo al saber que yo sabía que no estaban listos. ¡Qué pensarán de ti, que no sabes escribir! A mi la verdad no me importaba, lo hice para sacarme el material del sistema, y era tan variado que obviamente no hacía un conjunto coherente. A veces es mejor enviar de uno en uno a revistas o antologías que juntar un sancocho tipo Frankenstein. Aunque también las revistas y antologías pueden rechazarla a una. Hay escritos a los que les he conseguido un espacio donde existir, otros que aunque todo el mundo los rechaza yo de veras los quiero mucho y otros que no hay manera de enmendar pero que me niego a destruir. Son míos, chuecos, mal escritos y todo.

Hace unas semanas limpiamos el estudio y encontré esta revista que me enviaron desde Cuba hace como 4 años atrás. El cuentero volante. Hay un escrito de Enrique Vila Matas que dice así: “Muchos escritores rechazados creen que los que publican libros viven felices lejos del rechazo. Y, sin embargo, no es así, pues no hay un solo escritor reconocido que no sea cosido a rechazos a lo largo de su carrera”.

Será que escribir requiere de una gran obstinación. Indudablemente. Ahora que los aspirantes a antologías y concursos pueden poner sus comentarios en Facebook y blogs nada más divertido que leer los comentarios de aquellos que juraban estaban a punto de ganar el concurso, que no lo pueden creer, que es una injusticia, que bla bla bla. Quizás la diferencia entre un escritor novato y uno con experiencia radique en cómo reacciona al rechazo. Hay que fingir indiferencia, reír un poco y releer con cariño el texto rechazado para que no se sienta así tan solito.