Escritura cinematográfica

Luego de leer The Brooklyn Follies de Paul Auster, me vino a la mente la frase “escritura cinematográfica” porque a medida que avanzaba en la lectura lo que prometía ser la búsqueda y resolución de las inquietudes existenciales de un sesentón, se tornaba en una película tipo hollywood con un final tan, pero tan feliz que daban ganas de…aplaudir, como en el cine. No tengo la menor duda que el cine así como las últimas plataformas tecnológicas influyen en cómo escribimos actualmente, por si las dudas lea las críticas al libro de la chilena Claudia Apablaza, “Diario de las especies,” escrito como un weblog. Sin embargo, mientras leía a Auster en vez de escuchar la singular voz de su narrador, escuchaba a Jack Nicholson. ¿Cuando la literatura adquiere visos cinematográficos corre el riesgo de dejarnos al final con ese sabor de palomitas de maíz y vacío en el estómago? O ¿por qué no ser optimistas? ¿Porque la verdadera literatura le tiene alergia a los finales felices? Es sólo una interrogante.

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