Un microrrelato para pasar el rato…

Hasta la eternidad

Una escritora sufría un bloqueo. Cuando creía tener una idea, corría a su computadora y al teclear las primeras letras, las frases desaparecían de forma súbita y de nuevo la nada. Una noche soñó con un dragón alado. Esto le pareció el principio de algo, así que describió al dragón en su imponente majestad, añadiendo que custodiaba una pila donde había agua de la fuente de la eterna juventud. Satisfecha pasó el día feliz y a la noche soñó con un monje quien decía también custodiar dicha fuente del ataque feroz del dragón, monstruo al servicio de diabólicos señores. Despertó extrañada y se puso manos a la obra cambiando su narración según la versión del monje. Cada noche en sus sueños se le aparecía ora el dragón ora el monje y la historia no terminaba de ir a ningún lado pues ambos eran buenos, ambos eran malos y ambos custodiaban la misma agua prodigiosa. Cansada de cambiar la historia y nunca terminarla decidió borrarla. Esa noche caminó hasta la pila y bebió del agua. El dragón rugió y echo fuego, el monje se persignó. Ambos desaparecieron y desde entonces espera a ver si alguien la visita en sueños.

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