Y no se acabó el mundo…again

Pues sí, después de intoxicarnos con tanto documental de lo que dijeron los mayas o lo que interpretaron de lo que dijeron los mayas, aquí estamos otro diciembre, con el pino en casa, el jamón congelado, los regalos adquiridos luego de horas de delirantes compras en el mall (el delirio viene de todo lo que ya no puedo comprar), Mia preguntando que cuándo finalmente podrá abrir los regalos, el marido prometiendo que sí, que sí va a poner las luces, se fue el 2012. Como un pájarillo que atrapado entre mis manos se hubiese escurrido sin percatarme, sin hacer el menor ruido. Y con él se fueron personas que conocí en menor o mayor medida, mi suegro, la Tía Dora (fui a su escuela cuando era niña), el escritor Carlos Changmarín, la terapeuta del lenguaje y promotora de la lectoescritura  Lourdes Silva ,entre muchos otros que físicamente no están con nosotros. La muerte siempre sorprende, entristece, pero cuando pienso en la vida de estas personas es bueno saber que vivieron dejando cosecha, haciendo para otros, pensando en grande, creando. Antes de la muerte de mi suegro, el Dr. Juan Moya, psiquiatra, le hicieron un acto de reconocimiento en su trabajo y así me enteré de su nobleza en el trato a  sus pacientes y compañeros de trabajo.

¿Cómo queremos ser recordados? Es esta una pregunta vital, que debemos hacernos de vez en cuando, y  me parece este final del 2012 un buen momento para formularme la interrogante. No es mi propósito decirles la respuesta, tampoco existe una respuesta correcta. Tejemos una vida día a día con nuestras acciones, nuestras decisiones, nuestra apatía o nuestro ánimo. Empecé este blog con la intención de informar de los eventos culturales y literarios a los que asistía y resultó que mi vida cambió y ya no voy a tantos eventos como quisiera. Recientemente fui a un acto múltiple en la UTP donde premiaron a varios escritores, presentaron la revista Maga y se consolidó una asociación de egresados del diplomado de Creación Literaria. Vi a muchos escritores amigos y me alegró verlos después de tanto tiempo. La verdad que eventos artísticos hay muchos en este país. Sin embargo, quizás falte una revista que informe al público en general de estos eventos, con críticos que escriban de los mismos con objetividad, no para adular pero tampoco para destruir, que presente una agenda global de lo que cada quien hace por separado y en su “rancho”. Yo creo que en Panamá se hace más de los que los panameños creemos. Claro que hay que mejorar y que falta mucho por hacer pero eso es lo interesante de un país como este, uno puede realmente involucrarse en construirlo pedazo a pedazo.

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