Saludos a la Señora Muerte

No se puede pensar en la muerte sin pensar en la vida. El 31 de octubre es, según  la tradición Católica, el día de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Pero en muchas regiones el cambio de estación marca también el final de la época de luz y flores y el inicio de la oscuridad y la muerte de aquello que representó la primavera. Toda muerte es la posibilidad de un nuevo comienzo. Es un ciclo infinito, la serpiente que se muerde la cola, uróboros. En el antiguo reino maya, encabezado por el México actual, los muertos se visitan, se dan confites de azúcar en forma de calaveras, se construyen altares. En la tradición anglosajona, es un momento para permitir reconocer(se) en la sombra, en nuestro lado oscuro, que todos lo tenemos, en aquellos miedos que se erigen perennemente a la sombra de un árbol sin hojas y un frío que corta como un cuchillo. En Panamá, siempre escindida en su intento de construirse a sí misma, simbólicamente y físicamente, será otro fin de año donde los detractores del Halloween y los demonios del capitalismo, los defensores de los días Patrios y sagrados, colisionarán con el otro Panamá que va de mall en mall,  adornados casi en su totalidad de Navidad con salpicones de los colores ocres y los monstruos del Día de Brujas y alguna que otra bandera y cinta tricolor. Los niños, ajenos a cuestiones filosóficas, disfrutarán todo. Nosotros los padres pagaremos todo.

Me ha dado por pensar en la muerte al enterarme, en esa interminable cadena de opiniones, comentarios y noticias que es Facebook, de la muerte de varios artistas nacionales e internacionales, algunos de la pluma, como Dimas Lidio Pitty, otros de la plástica, como el maestro Ponce.  ¿Qué queda de una vida? Lo que hizo. Lo que escribió, lo que pintó, el agradecimiento de quienes fueron sus pupilos. Todos nuestros miedos, pesadillas, acusaciones, defectos…todo se borra y se evapora y para los vivos únicamente hay palabras para describir a otro que ya no está. Usamos palabras para definir lo más indefinible, una vida con todas sus contradicciones.

La revista Carátula ofrece una recopilación a manos de Consuelo Tomás y de Javier Alvarado de los versos y cuentos de Dimas Lidio Pitty, a quien realmente no conocí. Me lo presentaron en una Feria del Libro. Un apretón de manos. Un piropo de un señor mayor al que la vejez no le quitaba lo coqueto.

Calavera violinista

Así que este Octubre reflexiono sobre la muerte. La muerte que nos consume paulatinamente, dicen que está en los telómeros de nuestros cromosomas, y la muerte de aquellos que fuimos y ya no somos. Partes de una que ya no funcionan, ni sirven  propósito alguno que causarnos dolor. Es hora de despedirse, de crecer, y aceptar todo lo que ahora somos, no lo que fuimos, incluso esa sombra que tanto miedo mete a aquellos que creen que el mundo puede ser siempre de terrones de azúcar. A mi también me da a veces por querer que sea de terrones de azúcar.

Un poema del escritor Dimas Lidio

Enfermo

Mamá
No quiero que llores
Cuando muera:
Mejor
Llévame una flor.

(Tus lágrimas me hielan,
tu corazón es flor)

Mamá,
Si no muero, bésame
Que yo…
Te daré una flor
(El país azul, 1963)

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