El rechazo y la escritura

imagesA nadie le gusta que lo rechacen. A mi tampoco y seguro a usted…a nadie. Aunque quizás haya quienes hallen algún placer morboso en colocarse en situaciones donde serán rechazados. Hay tantas situaciones donde esta desagradable experiencia es posible: al aplicar a una beca, al aplicar a un empleo, al pedirle a alguien una cita y claro, cuando se somete un escrito a consideración ya sea para su publicación o se envía a concurso. Yo estoy curada de tanto enviar escritos y como soy así como arrojada, o atrevida, o quizás con pizca de locura, también me dio por enviar escritos en inglés a revistas en papel y en línea. Lo bueno de escribir en inglés y enviar escritos son las cartas de rechazo. Hay tantas maneras diplomáticas de decir que NO. Yo he experimentado varias y ya después de la quinta una adquiere una fortaleza de escritora como nunca.  Una vez envié unos cuentos a un concurso en Panamá y mi madre se horrorizo al saber que yo sabía que no estaban listos. ¡Qué pensarán de ti, que no sabes escribir! A mi la verdad no me importaba, lo hice para sacarme el material del sistema, y era tan variado que obviamente no hacía un conjunto coherente. A veces es mejor enviar de uno en uno a revistas o antologías que juntar un sancocho tipo Frankenstein. Aunque también las revistas y antologías pueden rechazarla a una. Hay escritos a los que les he conseguido un espacio donde existir, otros que aunque todo el mundo los rechaza yo de veras los quiero mucho y otros que no hay manera de enmendar pero que me niego a destruir. Son míos, chuecos, mal escritos y todo.

Hace unas semanas limpiamos el estudio y encontré esta revista que me enviaron desde Cuba hace como 4 años atrás. El cuentero volante. Hay un escrito de Enrique Vila Matas que dice así: “Muchos escritores rechazados creen que los que publican libros viven felices lejos del rechazo. Y, sin embargo, no es así, pues no hay un solo escritor reconocido que no sea cosido a rechazos a lo largo de su carrera”.

Será que escribir requiere de una gran obstinación. Indudablemente. Ahora que los aspirantes a antologías y concursos pueden poner sus comentarios en Facebook y blogs nada más divertido que leer los comentarios de aquellos que juraban estaban a punto de ganar el concurso, que no lo pueden creer, que es una injusticia, que bla bla bla. Quizás la diferencia entre un escritor novato y uno con experiencia radique en cómo reacciona al rechazo. Hay que fingir indiferencia, reír un poco y releer con cariño el texto rechazado para que no se sienta así tan solito.