1.Zapatitos de bebé
En los tiempos de mi abuelo ir al parque era cosa común, era un sitio de socialización. Yo no sé si por las lluvias contundentes, los soles imposibles, la falta de árboles, los piedreros, las bancas sucias o porque las cosas simplemente cambian, pues ahora la gente va al mall. Me corrijo, vamos al mall. Realizamos lo mismo que se hacía en el parque sólo que con aire acondicionado. Hay quienes van de compras “imaginadas” (si sólo tuviera un dinerito…), otros a pasar el tiempo o que el tiempo los pasee o en buen panameño a “huesear”, están los compradores de a de veras y las citas y citados. Unos domingos atrás, salimos en familia y la bebé llevaba unos zapatitos rosados, muy coquetos, con unas flores en la punta. Yo se los puse contenta, que así completaba el atuendo. De niña no me gustaba jugar a las muñecas, pero dios me salve de salir con mi hija descombinada. Comimos helados, vimos vitrinas, entramos a almacenes, hurgamos baratillos, olimos perfumes que no compraríamos, vimos personas conocidas y desconocidas y de pronto, la desgracia, ¡el zapatito izquierdo había desaparecido! Miré entre ese mar de gente, paquetes, zapatos, coches de bebés, mundo andante y me di por vencida. Así que hay un zapatito rosado en mi casa, huérfano de par, y otro en el mall, en alguna parte. Alguien pasará, lo verá y se preguntará cómo llegó a estar tan solito.

2.Paulo Coelho y las opiniones de los escritores
Hay escritores que le tienen una tirria a Coelho…yo escucho sus argumentos impávida, que cada quien tiene derecho a opinar. Sin embargo, la pasión creativa de algunos los convierte en defensores inflexibles que no admiten opinión diferente a la de su razón. Tengo entendido que la novela de Coelho, la Bruja De Portobello, será llevada al cine. Yo la leí hace dos años atrás, un regalo navideño que le pedí a mi hermana. Me la pasé todo el 25 de diciembre tirada en cama, leyendo muy entretenida hasta que llegé al final que me dejó un poco decepcionada. No porque estuviese mal sino que en el transcurso de mi lectura, el autor me había hecho creer por un momento en la magia. Coelho tomó el tema del retorno a la diosa, al poder femenino dentro de todos nosotros, concepto que manejan entre otras terapeutas jungianas y feministas de la nueva era, y lo convierte en una historia de voces múltiples, donde las diversas personas que conocieron a la protagonista la revelan en cada una de sus facetas. Hay quienes tildarán sus escritos de facilones, pero escribir fácil no es tan fácil como lo pintan. Yo no se quien irá a parar al panteón de los grandes escritores del siglo XXI o del siglo XXII, yo no sé a donde irá a parar nuestra civilización, si se borrarán todas las memorias electrónicas en una año donde los libros físicos ya no existan. Igual un 25 de diciembre de este siglo me entretuvo un libro de Coelho. Y punto.






Maga aparece con una portada atractiva, colores y imagen llaman la atención del lector. En ella apreciamos una pintura de Enrique Jaramillo Barnes de su serie Miradas que fue expuesta en Diablo Rosso un tiempo atrás y que reseñé en un posto previo. En esta Maga publican dos minicuentos de mi autoría: La Otra y Kitsch.




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